Como una extensión del brote, estos aretes se despliegan en pequeñas ramificaciones que recuerdan a un coral vivo. Tejidos en crochet, su forma orgánica habla de lo que crece sin prisa, de la vida que encuentra su camino incluso en lo invisible.
Suspendidos de un arillo con baño de oro, acompañan el movimiento con ligereza y sutileza. En sus tres variantes —crudo, sapote negro (gris) y pericón con añil (verde)— cada pieza guarda una manera distinta de habitar la sombra y florecer desde ahí.
Lo que florece en la sombra.
Textiles que nacen del proceso, la materia y la transformación.





